
Que la jugada de Marcelo Ebrard para separarse de su cargo como canciller y enfocarse en buscar la candidatura de Morena, habría resultado políticamente impecable.
En primera, porque sacudió a quienes ya se sentían candidatos o candidatas. En todos los niveles.
Y Quintana Roo no sería la excepción, donde varios no sólo aspiran sino hacen campaña anticipada para un cargo de elección popular.
La pregunta es obligada: ¿Renunciarán a puestos de Gobierno o pedirán licencias?
La respuesta no sería del todo clara.
Porque algunos podrían escudarse en que son reglas de Morena y no del Verde o PT, o de otro partido que se sume a la 4T para 2024.
En Cancún, donde se centrará la atención para la alcaldía, hay al menos cinco “corcholatas” visibles.
Dos en el Congreso de la Unión, una en la presidencia municipal; otra en el Cabildo y una más en el Gabinete de Mara Lezama.
Porque renunciar o pedir licencia tendría dos significados: perder “visibilidad ciudadana” y, lo más importante, recursos públicos.
Mismo caso aplicaría para quienes buscan reelegirse. Ya sea para alcaldes o alcaldesa como para diputados locales.
Por lo pronto, el “carnal” Marcelo movió las fichas.
¿En Quintana Roo seguirán su ejemplo?
Al tiempo.

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