
Que la Fiscalía General del Estado (FGE) fue la “gran ausente” tras el inédito secuestro -denominado ‘robo que salió mal’ por la Secretaría de Gobierno- del magistrado presidente del Teqroo, Sergio Avilés, la noche del lunes en la capital Chetumal.
No emitió una sola palabra oficial sobre el asunto.
Una sola.
Y quizás ante su desaparición, habría sido pertinente generarle a la FGE una ficha de búsqueda.
Guardó silencio sepulcral en torno a un hecho que preocupa a chetumaleños y quintanarroenses en general.
No solo por la crisis de violencia o la cada vez más clara ingobernabilidad política que impera en la entidad.
Sino porque rompe los esquemas en el que cualquiera, sí, cualquiera, está expuesto a ser víctima de un ilícito.
En esos momentos, en el que la confusión impera y los rumores ganan, la FGE brilló por su ausencia.
O tal vez su titular, Óscar Montes de Oca, estaría más preocupado por no ceder a la presión para dejar su cargo.
Lo cierto es que el aparato de comunicación social del Gobierno de Quintana Roo, así como de la FGE en estos casos trascendentales no funciona.
No comunica. No aclara. No saca de dudas.
Así, la FGE y la administración estatal continúan teniendo al silencio como su mejor aliado.
O simplemente, a veces, el silencio es la peor mentira.
Al tiempo.

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