
Que la entrante XVIII Legislatura del Congreso de Quintana Roo tendría varios retos para resolver y que fueron un rezago heredado directamente de la XVII Legislatura.
Uno de ellos será sin duda Aguakan.
La anterior Legislatura empantanó legalmente el asunto y ató de manos cualquier otro tipo de movimiento en tanto un Juzgado no resuelva.
Aguakan, habría que recordar, fue la bandera que más usó la 4T en el Congreso local y que desgastó hasta el cansancio.
Hoy todo sigue igual.
Otro tema es la denominada Ley Chaleco, que el Gobierno estatal se vio forzada a “frenar” y reorganizar para evitar mayor conflicto ciudadano.
Pero además está otro asunto, la XVII Legislatura no resolvió el asunto de las plataformas digitales de transporte en Quintana Roo.
Incluso, el asunto empeoró. Las agresiones por parte de taxistas a choferes de Uber van en aumento y se reportan casi a diario.
Al final, los diputados locales salientes patearon la lata en esa materia y continuaron fortaleciendo a los sindicatos de taxistas bajo el argumento de los “costos de la concesión estatal”.
Ya ni se diga el retiro de ingresos por concepto de licencias de conducir a los Ayuntamientos para darle esa facultad única y exclusivamente al Imoveqroo.
Por lo pronto, el “nuevo” Congreso del estado podría hacer diferencia si logra resolver algunas de esas situaciones, en caso contrario, podría existir un escenario similar para 2027.
Al tiempo.

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