
Que ya no habrá excusa que valga para el Gobierno que encabeza Mara Lezama en materia de seguridad pública y procuración de justicia en Quintana Roo.
Finalmente Óscar Montes de Oca renunció como fiscal del estado, en lo que era “bola cantada” desde el inicio de la nueva administración estatal.
Y para rematar obtuvo la dimisión de Rubén Oyarvide como secretario de Seguridad Ciudadana, un personaje por demás gris y con pésimos resultados en prevención del delito y combate a la delincuencia.
Un funcionario que Mara arrastró a su Gabinete por voluntad propia, es necesario decir.
Ahora, Mara contará con una nueva estrategia de seguridad que conlleva dos nuevas figuras en puestos clave: la Secretaría de Seguridad Ciudadana y la Fiscalía General del Estado.
El control total y, por ende, la responsabilidad total de lo que ocurra en Quintana Roo.
Sean cosas positivas o negativas.
Un estado netamente turístico y que se ha teñido de sangre.
Porque dentro de un tiempo considerable para hacer notorios los cambios, si no hay avances en reducción de asesinatos, robos, asaltos, extorsiones, entre otros delitos, el fracaso será atribuido absolutamente a la 22 de enero.
No habrá nadie más para echarle la culpa.
Es momento de tomar el timón y asumir las consecuencias.
Por lo pronto el Congreso local tendrá en sus manos la designación del nuevo fiscal, que podría ser Raciel López, cuyo curriculum es dudoso y por partes, escandaloso.
Al tiempo.
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